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Lobo Vestido De Oveja

Siempre pensé que el hombre que había escogido como compañero de vida era una oveja vestida de lobo. Un ser bonachón y generoso, a quien los golpes de la vida lo habían hecho disfrazarse de lobo para protegerse.

Siempre me conmovió su historia de desamor, historia que, por supuesto, él me vendió: una madre fría con una marcada preferencia por el hermano mayor, que siempre lo hacía sentir la oveja negra de la familia, el incomprendido. Un padre abusivo, que un buen día abandonó a su familia para formar un nuevo hogar. Estrecheces económicas y muchos conflictos.

Ese ser llegó a mí buscando amor y ¡vaya que lo encontró! Me enamoré rápida y profundamente de él y luego de un enamoramiento de 4 años decidimos casarnos. Éramos muy jóvenes y nuestros bienes eran un televisor y nuestro dormitorio.

Dos años después nació nuestra primera hija y cuatro años luego del matrimonio, vino nuestro hijo. Nuestra pequeña familia de 4 en esa época la recuerdo feliz, unida y bonita. Estaba convencida que mi compañero daría todo de sí para cumplir con una promesa sagrada que me hacía una y otra vez: «Yo no voy a ser como mi padre».

Realmente jamás pasó por mi mente la posibilidad de que abandonaría a sus hijos…

Como todos los matrimonios, el nuestro tuvo momentos buenos y malos. Cuando la marea estuvo alta, vimos la forma de llegar a la orilla sanos y salvos, mientras que en aguas calmas aprendimos a disfrutar de nuestros logros y, sobre todo, de nuestros hijos.

Por eso, cuando aquella madrugada en la que nuestra hija de 19 años llegó a una hora no adecuada y en vez de reprenderla con amor y castigarla como correspondía, le propinó bofetadas hasta aventarla al suelo y le rompió el celular (todo esto en la recepción de nuestro edificio) en represalia por haberlo puesto al descubierto ante mí por su decadente conducta en redes sociales, me dí cuenta que mi percepción de él era una ilusión. Yo había visto lo que quería ver y no la realidad.

El hombre que había escogido como compañero de vida era más bien un lobo vestido de oveja. Y mi olfato de madre me dijo «hay que salir de aquí»…

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