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El Difunto

Junio fue el mes del desenlace. Luego de soportar múltiples engaños y maltratos verbales mientras armaba mi caso al mejor estilo de CSI, finalmente el 24 de ese mes en la madrugada tuve las evidencias contundentes del engaño. Mensajes de «amor», planes de viajes, como si ni yo ni los chicos existiéramos.

Sentada en el sillón, con las pruebas en la mano, mi cerebro no podía creer lo que mis ojos leían, mientras que ya mi maltrecho corazón se desmoronaba aún más. Mi hijo me encontró casi en estado catatónico y me ayudó a salvaguardar las evidencias.

La semana posterior a ello tuve varias reuniones con diversos profesionales y para el siguiente fin de semana, a pesar del dolor y la desorientación que todo este drama estaba causando en mí, ya tenía un plan.

El muy sinvergüenza volvió a salir de viaje «de trabajo» y entonces aproveché para meter sus pertenencias en maletas y entregársela a su madre. Desaparecí todas las fotos que había colgadas en las paredes y lloré amargamente. Tantas veces había visto en la televisión historias de hombres que llevaban una doble vida y yo había comentado «ay por favor! Cómo la esposa no se va a dar cuenta!» Pero yo no me di cuenta. Y lo más patético es que a mí no me dejaron por una mujer, un nuevo amor. Me canjearon por prostitutas. Y de eso tengo muchas pruebas, demasiadas para muchísima gente que me quiere bien. Pero para mí «saber» era esencial. Era la única forma de arrancarme el amor que una vez sentí por este individuo.

Si no hubiera visto, escuchado y leído todas las pruebas que tengo, hubiera sido imposible para mí creer que el hombre que escogí como esposo, mi compañero de vida y a quien conocía desde niños era capaz de tanta corrupción, inmoralidad, misoginia, mitomanía, abuso, deslealtad, indecencia, desamor, irresponsabilidad … y un largo etcétera.

Al cabo de una semana, regresó de su viaje «de trabajo» dispuesto a volver a la casa y se encontró con que no podía entrar. Decidió, entonces, llamar una y otra vez, y en cada una de esas llamadas tuve la oportunidad de vociferar mi dolor, mi resentimiento y mi odio….

Decidí entonces que debía morir figurativamente y me pareció adecuado escoger el 21 de enero del 2017 como su fecha de defunción, ya que ése fue el día en que todo inició … o mejor dicho terminó. De ahora en adelante mis hijos y yo no nos referiríamos a él con ninguno de los adjetivos calificativos negativos que ciertamente merece. Tampoco con el nombre de ningún animal. ¡Pobrecitos! ¡Qué habrán hecho ellos para merecer semejante comparación!

A partir de ese día sería EL DIFUNTO y así se refieren a él todas las personas que están a nuestro alrededor, nuestros ángeles de la guarda. A partir de ese día, me volví viuda sin serlo en verdad. Pero por lo menos al referirme a él como EL DIFUNTO siento que ha muerto en mi mundo. Que su toxicidad ya no me impregna.

Puedo ahora comenzar a narrarles qué hice para recoger los pedacitos de mi vida y volver a encontrar sentido a mis días…

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