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Aceptar Y Dejar Ir

A propósito de mi última entrada, mi hija tuvo la generosidad de colaborar con mi blog compartiendo su más íntima lectura sobre lo que ocurría en nuestras vidas. Ahí se las comparto…

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“Ya pasó, ya fue”. Creo que es la frase que más he escuchado de las personas cercanas a mí en estos últimos 3 años. “No puedes hacer nada, déjalo ir”. ¿Qué fácil no? Qué fácil es decirlo. Qué fácil parece no volver a hablar de un tema, de una persona, de una situación. Qué fácil parece cerrar una puerta, una etapa, una experiencia. Pero la verdad es que no es así. Hace poco leí una frase de Benedetti: “Pero una cosa es cierta: no me atrevo a juzgarte. Sé que cuando uno ve las cosas de afuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen otras convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa”. Y qué cierto puede ser todo eso, qué fácil se le hace a uno juzgar cuando ve todo desde fuera pero qué difícil es cuando el que está ahogándose eres tú.

Hace casi 3 años mi papá nos dejó. Y bueno fuera que simplemente haya desaparecido. No. Se fue como un remolino, destruyendo todo a su paso. Se llevó nuestra paz, nuestra armonía. Porque así pasa cuando te das cuenta que alguien que amas no es en realidad quien crees que es. Se llevó mi fe, luego de haberme arrastrado de los pelos, luego de haberme agarrado a cachetadas y de empujarme al suelo, mientras me humillaba con palabras que quedarán por siempre marcadas en mi corazón. Luego de haber elegido a una pareja que tenía prácticamente mi edad en lugar de nuestra familia. Luego de esto y mil cosas más. Se llevó todo, todo lo bueno, toda la alegría.

Entré en una depresión inmensa, sobre todo porque traté de negarlo al principio. Quería creer que todo estaba bien, que no importaba, que no me afectaba. Me aferré a un mal amor (como dice mi mamá) para evadir lo que de verdad estaba sintiendo. Un mal amor que hizo que todo fuera peor. Me engañó y me rompió hasta que por fin me dejó.

Recurrí al alcohol. Las drogas me daban mucho miedo (gracias a Dios). Así que adormecía mis sentimientos con cualquier trago que encontrase en mi camino. Llenaba ese vacío con sexo, sexo insignificante con hombres que hasta en un par de ocasiones ni sus nombres me acordaba. Me estaba auto destruyendo. La verdad es que me quería auto destruir, hasta que llegué a lesionarme a mí misma. Quería desaparecer. Quería dormir y no despertar más. Ya estaba medicada con anti depresivos y ansiolíticos (todos los habidos y por haber) y no dejaba de fantasear con tomar un blister entero con una botella de alcohol al costado, hasta que la vida escape de mi cuerpo. Le hice mucho daño a mi mamá, a mi hermano, quienes me levantaron y me hicieron su prioridad hasta que fui capaz de volverme a parar.

Y aquí sigo, mejorando, respirando. Volví a estudiar y a trabajar, alejé de mi vida a toda la gente tóxica y encontré ángeles en el camino, a quienes tengo suerte de llamar amigos. Aprendí. Aprendí que cuando uno se cae, se tiene que volver a levantar, así sean dos, diez o cien veces. Que el camino de la recuperación no es lineal, es con altos y bajos, pero cada vez las caídas duelen menos (y son mucho más cortas).

Aprendí que es cuestión de hablar, de conversar y de tener mucha fuerza de voluntad. Y que con amor, todo se puede ❤

Aprendí que hay que saber dejar ir, que hay que aceptar el dolor pero tenemos que saber soltarlo cuando es hora. Es bueno darle tiempo a cada sentimiento que experimentamos, pero no debemos aferrarnos a él, hay que tener la fuerza de (como una personita muy especial me enseñó) observarlo, aceptarlo, agradecerle y dejarlo ir.

Y por último, aprendí que hay personas que pasan por lo mismo que uno, por diferentes situaciones pero que entienden la desesperación y que entre nosotros debemos apoyarnos y empujarnos para salir adelante ✨

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Valiente hija la que tengo de abrir su alma de esta manera. ¡Me siento muy orgullosa! ¡Te amo!

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