Dumbledore le dijo a Harry Potter: “Un amor tan poderoso como el que tu madre tuvo por ti es algo que deja marcas. No una cicatriz, ni algún otro signo visible… el haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, brinda una protección que dura para siempre”.
Y es cierto. Mi mami fue una fuerza de la naturaleza que aún hoy, luego de muerta, persiste y existe entre nosotros.
Su bondad, ternura, alegría de vivir y generosidad son raras en la gente. Ella era un ángel, desde que nació y hasta que murió.
A la gente no le gusta pensar en la muerte y por eso no le gusta las palabras morir ni muerte. Hay que decir fallecer, “ha fallecido”. Yo lo respeto, pero a mí no me sale. Me siento muy hipócrita y huachafa utilizando esas palabras que no dicen nada de lo que siento. Y, por supuesto, esto no quiere decir que considere ni hipócritas ni huachafas al 95% de la población que utiliza el término fallecer y sus derivados. Favor no mal interpretar. Estoy hablando de mí y de mis sentires.
Muy a su estilo, el abuelo, mi papá, también nos ronda. Recordamos con picardía sus ridiculeces de llamar a todos los programas en castellano. Él no veía Friends. Veía Amigos, por poner uno de los más graciosos ejemplos. Hemos borrado los momentos malos que pasamos con él porque su amor hacia mis hijos y hacia mí durante muchos años fue importante y trascendental.
Entonces, como homenaje a ellos hemos adoptado en nuestro hogar el día de muertos mexicano del 2 de noviembre, cuya nomenclatura, como deducirán, me encanta porque eso es: el día de los que han muerto. Cada uno según sus creencias enviará a sus muertos a donde más paz le dé. Los mexicanos ponen fotografías, alimento, flores. Nosotros tenemos un altar permanentemente iluminado con las cenizas de nuestros muertos: la nonna, el abuelo y nuestros perritos, fotos de mis papás y de mis nonnos, y angelitos, incluyendo fotos de mis hijos que están muy vivos, pero que fueron los angelitos de su nonna y abuelo para que los acompañen en su última morada. Esa morada está muy cerca al lugar desde donde escribo estas líneas y su compañía es intensa e innegable.
Mis muertos viajan conmigo en el camino de la vida, alentándome a perseverar, a superar mis tristezas y a ser una persona más íntegra cada día. Espero estar haciendo un buen trabajo y que mis muertos sonrían desde el cielo imaginario donde estoy segura me esperan para abrazarme y poder sentir su amor por última o eterna vez (quién sabe!) cada día de muertos.
Foto: propia y actual
