Te vas abril y dejas en mi vientre una textura suave como de brisa de mar.
Te vas y vuelven a mí los recuerdos de mi mami, su inmensa dulzura y su paz interior.
Te vas y me arrancas muchas sonrisas al recordar sus ocurrencias, su venus de mole (y no de Milo) con el que me bautizó risueña; su respuesta contundente a la pregunta sobre la escultura de un gallo en fierro forjado que adornaba la escalera de mi casa “¿Es un Delfín?”, preguntó la pintora. Y ella, segurísima, y con una sonrisa ancha y franca, respondió “Nooo es un gallo!”… aún puedo escuchar en un rincón de mi cerebro las carcajadas y risotadas de tamaño atrevimiento…; su ternura al mostrarme la luz tenue y difusa del cuernito de plata en el cielo cuando era cuarto menguante.
En las noches aún cálidas de abril cuántas veces nos quedamos dormidas abrazadas luego de reír interminablemente…
Te vas abril llevándote recuerdos de infancia y regalándome nuevas memorias.
En este abril se graduó mi hijo de la universidad, una meta que parecía lejana y por tramos inalcanzable. ¡Cuántos obstáculos y dudas superó!, demostrándome su valentía y tesón, que para mí son mucho más importantes que la inteligencia y la razón.
En este abril también mi hija se graduó de un diplomado que terminó dando todo de sí, y pudo graduarse presencialmente en compensación por la oportunidad arrebatada por el COVID cuando terminó el pregrado.
Te vas abril y no puedo estar más agradecida con el universo por su generosidad y benevolencia. Por regalarme en el mes de mi mami recompensas dulces que me elevan como un globo hasta el cielo porque el orgullo y satisfacción no me caben, y por eso ando como flotando entre algodones.
Te vas y dejas en mi vientre una textura suave como de brisa de mar…
dulzura y paz interior…
el cuernito de plata…
y las noches aún cálidas de abril…
Foto propia
