Sin categoría

97. La increíble naturalidad del racismo

Subo al ascensor y me encuentro con la vecina alta, blanca, rubia y sumamente simpática (conmigo claro). La saludo, le sonrío y la típica pregunta ¿Cómo estás? Bien y tú, ¿tus hijos?, me pregunta. Muy bien gracias sonrío encantada. Y entonces, la pachotada: tu hija es más oscurita que tu hijo ¿no? Debo admitir que me quedé pasmada porque no esperaba un comentario tan fuera de lugar, innecesario y que retrata el racismo y, sobre todo, el clasismo que “adorna” a la población del distrito donde vivo, de la ciudad donde vivo, del país donde vivo.

Pero ella, tan elegante y platuda, no notó mi cara de “WTF” y se bajó tan contenta como había subido, y se fue a seguir su vida de “ningunismos y elotrismos”.

No he podido dejar de pensar en ese episodio a pesar de que han pasado muchos años desde que sucedió porque me da náuseas ese actuar tan natural del pituco de esta ciudad que al interactuar con una persona que racialmente considera “blanca”, asume inmediatamente que piensa, siente y discrimina igual que ellos.

Y por eso, aquella otra vecina blanca, alta y rubia que también vive en mi edificio (aunque sospecho que esta otra vecina es rubia con su plata) se sintió tan cómoda de mandar un mensaje al chat de vecinos instando a votar por el candidato político más racista y clasista del que tengo recuerdo, asumiendo que todos pensamos igual. Y yo, respirando hondo y pasando saliva, “por favor no enviemos mensajes políticos por este chat”, cuando en realidad quería decirle “yo por ese ser miserable no votaría ni aunque me pagaran, y nadie debería votar por él, joder!”.

Sin embargo, la sensación inicial de que este tipo de situaciones suceden solamente en mi ciudad se desvaneció cuando hace pocos años tomé conocimiento de una situación aberrante en una ciudad diferente, también de mi país. Una persona, en medio de una discusión de índole racial, le pidió a otra que le mostrara los pezones para demostrar qué tan blanca era en realidad.

Lo sé. Da náuseas.

¿Y después se preguntan por qué la gente de otras etnias desprecia a la gente blanca?

¿Y después no entienden por qué tanto resentimiento?

¿Será porque a la gente de piel blanca se le considera más bonita e inteligente y al más marrón se le considera bruto y sucio?

¿Será por eso que no le prestas tu baño de visitas al señor gasfitero?

¿Será por eso que miras feo a los obreros?

¿Será por eso que no empatizas con los problemas y carencias de la gente que vive en la periferia?

¿Será por eso que en el club al que vas el personal de servicio no puede bañarse en la piscina?

¿Será por eso que en algunos edificios y oficinas hay ascensores o escaleras segregados?

Esta sociedad involuciona día a día y cuesta trabajo guardar la compostura ante tanta ignorancia y mezquindad.

***

Subo al ascensor y me encuentro con el jardinero que no es blanco ni elegante. Me saluda amablemente. Respiro. Al menos hoy ninguna señorona blanca, alta y sumamente impertinente e ignorante ha avinagrado mi día.

Foto tomada de Canva

Deja un comentario