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100. OFE

A raíz de la creación en mi país de la huachafada de la OPE (oficina de la presidenta electa), por asociación de ideas recordé las siglas OFE de mi papi.

Su escritorio era una habitación que quedaba en una esquina de la casa, con ventana a la calle. Estaba llena de estantes metálicos atiborrados de libros y discos de vinilo. Colgado en la pared había un mueble con los casettes que le encantaba escuchar y que estaban etiquetados con las siglas OFE.

“Only for Experts” era el significado y encerraban un mundo reservado para conocedores de Thelonious Monk, Charles Mingus, Art Tatum, Miles Davis, John Coltrane, entre otros genios del jazz.

OFE era el mundo privado de ese hombre complicado y solitario que disfrutaba leyendo, que se emocionaba al leer un poema, al que le costaba interactuar con la gente, que amaba intensamente y que odiaba aún con mayor potencia.

OFE era su refugio porque era muy difícil para él relacionarse con un mundo que no comprendía y que no lo comprendía a él.

OFE era soledad, melodía, una lucha personal de supervivencia que nunca entendí.

Para mí ese escritorio era un lugar caótico, desordenado, lúgubre y sucio. Cuánto me hubiera gustado en esa época acomodar sus miles de libros y LPs en orden de tamaños, colores, temas, pasar un trapo, aspirar el piso, botar las envolturas de galletas que se acumulaban estrepitosamente entre apuntes, fotos y hasta partituras.

En esas cuatro paredes se encerraba por horas, en absoluta soledad y testarudo aislamiento. Muchas veces ese encierro se llevó su voz, y mi mamá y yo desesperadas lo buscábamos una y otra vez para que regresara a nosotras… sin éxito.

En innumerables oportunidades, el aislamiento llegó acompañado de un silencio hiriente que traspasaba la piel y el alma de su esposa e hija. En una familia de a tres, que uno de ellos no te hable se siente con hondo pesar y absoluta tristeza.

Cuando tocó mudar su mundo amplio y exclusivo a un lugar más pequeño contra su voluntad, la guerra desatada le propinó una estocada irreversible a nuestro vínculo. Tanto mi mamá como yo recibimos y soportamos palabras, mensajes y silencios que fracturaron nuestra relación.

Con los años hicimos el arduo intento de reparar lo que se había roto. Hubo avances y retrocesos. Pero nunca volvimos a estar tan unidos como alguna vez lo estuvimos, en mi niñez…

Mi papi adorado, al que le he perdonado sus yerros hace mucho, y que espero haya podido perdonar los míos, fue mi primer gran amor. El que me traía flores y me decía palabras bonitas. El que me protegió mientras crecía y me dio la seguridad en mí misma que veo reflejada en el espejo cada vez que me miro. El mejor abuelo del mundo para mis hijos.

Mi papá me enseñó a tener pensamiento crítico desde muy tierna edad, incentivó mi amor a la lectura, al cine arte, a la buena música, mi interés en la política, a diferenciarme de “la masa” como él llamaba a la gente.

Cuántas conversaciones interesantes tuvimos y cuántas hubiéramos tenido si siguiera en esta tierra.

Pero el mundo no estaba diseñado para él.

Donde quiera que estés papi, tu presencia vive en mí… con tus aciertos y tus desaciertos fuiste un papá al que amé con toda mi alma…

Espero que ahora orbites en un planeta OFE …. espérame ahí con flores y libros…

Foto tomada de Google

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