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ADN

Tal vez una de las cosas más duras de mi aprendizaje fue entender que nada de lo sucedido era un castigo por algo que yo hubiera hecho o dejado de hacer. Al principio me martirizaba pensando «Soy una buena persona. Merecía un buen amor». Pero no lo tuve y no por mí. Esa parte era la clave del asunto para mi sanación y tardé mucho en reconocerla.

Ya he compartido que para mí era vital saber para entender pues este giro de 180° en la conducta del difunto había removido mi mundo de tal manera, que necesitaba saber en qué momento se había caído de cabeza de un rascacielos para actuar de semejante manera.

Mi cerebro andaba a mil por hora tratando de hilar los cabos entre los movimientos del difunto, las cantidades extraordinarias de dinero necesarias para satisfacer las extravagancias de millonario que veía ante mis ojos, las historias de Instagram y todo indicio que me ayudara a elaborar el mapa de la infamia para entender. Evidentemente, todo esto sólo podía caber en un solo saco: corrupción, pues era muchísimo más que infidelidad.

Mientras se daba vida de millonario no sé con qué dinero (bueno, a estas alturas tenía ya una idea bastante cercana a la realidad), las cuentas del hogar abandonado, absolutamente todas, fueron dejadas de pagar, como si hubiese renunciado a la existencia de su vida anterior. Como si los compromisos financieros (ya ni hablemos de los éticos o morales) pudieran dejarse de lado así como así…

Cuando llegó el mundial de Rusia y supe que estaba allá, además de pasar por Jerusalén (sí, Tierra Santa!), Dubai, El Cairo, Tel Aviv, Praga, Milán Estambul y Positano!!! pensé que había robado un banco (ya luego supe la verdad y en serio no sé cómo no lo descubrieron antes…) Fue entonces que mi hijo publicó un texto muy ofuscado en el FB y que compartiré con ustedes el siguiente domingo con su venia.

Para entonces no me gustaba mi vida. Estaba llena de rabia, tristeza y miedo, mucho miedo porque no sabía cómo resolver los problemas económicos en los que me había dejado irresponsablemente el difunto y porque no sabía cómo tener serenidad para ayudar a mis hijos a transitar por este camino.

El yoga hacía lo suyo…lentamente…

Mate hacía lo suyo…lentamente…

Mapi hacía lo suyo…lentamente…

La gente que me ama hacía lo suyo…lentamente…

Pero el día a día era mío. La soledad era aplastante. El silencio me abrumaba. Mi cama era demasiado grande. Esa permanente sensación de abandono. Amarga. No tenía historias que contar que no estuvieran relacionadas al difunto. Y lo odiaba más. Dolía. Todo, absolutamente todo, me regresaba al hueco negro donde había refundido mi vida con él, los 26 años de vida a su lado…

Me daba náuseas saber que no le importaban sus hijos. Que sólo pensaba en él. Que ni siquiera les pagaba la universidad.

*_*

Pero todo pasa.

Hoy por hoy ciertamente sigo sintiendo náuseas de que se haya desentendido de sus hijos emocional y económicamente, aunque en la actualidad ya no se da vida de millonario porque el karma existe y lo atraparon con las manos en la masa.

Perdón hijos por el padre que les tocó, pero… si tuviera que elegirlo nuevamente sólo para tenerlos a ustedes lo haría. Porque sin su ADN ustedes no serían ustedes. Serían otros hijos y no quiero otros hijos. Los quiero a ustedes. Así que espero que ésa sea suficiente razón para entender por qué tenía que transitar por este camino.

Al principio me martirizaba pensando «Soy una buena persona. Merecía un buen amor». ¡Y claro que lo tuve! ¡Y por partida doble! Los tuve a ustedes dos y eso es más que suficiente para mí…

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