- Tengo mil millones de millas y para mí han construido una sala de espera en el aeropuerto que ya no es VIP: es super VIP. ¿Serás como yo o serás como los otros?
- Ninguno de mis conocidos tiene acceso a esta zona del teatro porque es la MAS cara.
- Yo tengo reserva en el restaurante de moda de la ciudad. Los otros van a restaurantes baratos.
- Ninguno de mis compañeros de oficina se atiende en esta clínica, con helipuerto y que parece de otra ciudad.
- Mi colegio es el MAS caro de la ciudad. Ninguno de los chicos del parque estudia ahí.
En cada centímetro de la convivencia parece haberse instalado una competencia invisible y mezquina donde cada quien siempre está tratando de demostrarse a sí mismo que es MAS, que tiene MAS, que puede MAS.
Cuando escuché por primera vez los dos términos que son el título de esta entrada, no supe bien a qué se referían, pero bastaron cinco minutos para descifrar la verdad profunda que ambos contenían. La división que las marcas explotan para que siempre quieras consumir MAS, para ser MAS.
¿MAS qué? ¿MAS importante? ¿MAS inteligente? ¿MAS poderoso? ¿MAS platudo?
Andamos por la vida entonces pensando ¿serás tan MAS como yo?
¿Las conversaciones entonces son un registro de lo MAS que somos en comparación a los otros?
Creo que el único otro con el que nos debemos comparar es con el nosotros del día anterior; en ese caso sí sería bueno comparar si hoy fuimos MAS sinceros que ayer, MAS resilientes, MAS justos, MAS honestos, MAS responsables, MAS considerados, MAS amables, MAS amorosos, MAS presentes…
No caigamos en la trampa mortal de las marcas y servicios cuya única intención es facturar cada vez MAS haciéndonos creer que somos MAS si vamos a la sala super VIP o si nos sentamos en la primera fila del avión, entre otros «premios» por tener una billetera gorda.
No tengamos conversaciones vacías comparando nuestros MAS; conversemos con el espejo y veamos si verdaderamente somos MAS que los nosotros de ayer.
El elotrismo y el ningunismo es el cáncer de este mundo al revés que se esmera en pisotear al prójimo y ensalzar nuestro ego. Bien por los que MAS tienen, pero no es necesario andar compitiendo entre nosotros, mientras encapsulamos al resto de la humanidad en la burbuja de la invisibilidad y la indolencia.
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