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El Amor Tiene Muchas Formas

Hasta hace poco, relacionaba el Día de San Valentín exclusivamente con el amor romántico. Pero a veces la vida nos pone pruebas y, si somos lo suficientemente inteligentes como para no desaprovechar las oportunidades, podemos descubrir la belleza colateral que nos rodea y disfrutar de todo ese amor que tenemos a nuestra disposición. En mi caso particular, quiero hacer un homenaje a todo ese amor que recibo. Cada uno con sus matices, con sus características tan particulares…

Amor Filial

¿Cómo he podido vivir sin ellos todos estos años? fue lo primero que pensé el día que nacieron. Y es verdad. Mi vida se divide en antes y después de tener en mis brazos a estos dos seres que hicieron que se abriera en mí un espectro de grandeza, de verdadero amor, de desprendimiento. Una sensación de perdurar, de construir, de pulir con laboriosa dedicación. Mi vida ya no era mía nada más. Nunca más estaría sola. Y esto no significa en lo absoluto un deseo de convivencia eterna con mis hijos o invadir sus existencias con mi presencia. Ni siquiera de perpetuar mis cuidados, aunque ganas no me faltan. Significa que soy más allá de mi propio ser. Mis rasgos han sido replicados, mis costumbres adquiridas, mis manías heredadas. Se copió mi manera de hablar, mi tono de voz, la forma de mis ojos, mi sonrisa. Hay dos personas en este planeta que nacieron de mí y a través mío. A quienes espero haber transmitido valores sólidos y una ética a prueba de fuego. Dos seres que no toleran la homofobia, ni el racismo, ni los dogmas, ni la violencia. Personas que se conmueven con las necesidades de otros y ayudan cuando pueden. Que aman a los animales (y por ende no soportan, igual que yo, las corridas de toros, las peleas de gallos y cualquier actividad que les cause sufrimiento para beneplácito de los seres humanos). Que son justicieros como yo. Y que me aman. Y ese amor es para mí una fuente interminable de fortaleza y ganas de darle la contra a la vida cuando se pone intensa conmigo.

Amor Maternal

Los que conocen a mi mami saben que es una persona especialmente única y únicamente especial. Siempre sonriente, siempre positiva, siempre amable. Muy empática, paciente y de buena vibra. La recuerdo en mi niñez como una mujer luchadora e independiente, entusiasta y amiguera. Me enseñó todo lo bueno que soy y siempre me ha dado un amor amplio, generoso, incondicional, alegre, musical, puro. Mi mamá me pulió con el mayor esmero y no estoy segura de estar a la altura de su amor. No sé si podré corresponder con igual valía. La valla está muy alta. Pero trataré. Intentaré devolver, aunque sea un pedacito de sus cuidados. Ensayaré corresponder a su buen humor y delicadeza. Haré el intento de cuidarla y protegerla cuando la vea frágil. Es mi turno de engreírla y hacer de su mundo un lugar feliz, como hizo ella cuando fui su pequeña.

Amor Perruno

Desde pequeña deseé un perrito y tuve que rogar incansablemente para convencer a mi mami. Finalmente lo logré cuando cumplí 10 años. Y llegó Gigi. Una preciosa poodle negra. Con ella crecí y me acompañó durante toda mi niñez y mi primera juventud. En el interín llegó Tohui, un shit-tzu blanco con negro hermoso del que descendieron la encantadora Brilla, el dulce Alfio y el travieso Foster. En una época tuve cuatro perritos en mi casa. Tohui y su familia me acompañaron durante 25 años!!! Incluso Foster se fue conmigo a México y regresó – ladrando tan intensamente todo el camino desde la bodega, que se le escuchaba dentro de la cabina. Totó llegó a la casa en el año 2002. Era un bello schnauzer sal pimentado con quien compartí mi vida por 14 largos años. Ya en México, inicié una relación con Luna, una mini Schnauzer que parece un llavero. Mi charrita, al llegar a Lima, fue a vivir con mi mami y es su exquisita compañía hasta el día de hoy. En el 2011, aterrizó en mi vida el dulcísimo Simba, un espectacular labrador que enjugó las lágrimas de los días más lúgubres de mi vida. Por eso pienso que la enfermedad del corazón que se lo llevó demasiado pronto se originó en todas las penas que absorbió en mi hogar.

Han sido 39 años de historias perrunas. Un amor cristalino y desinteresado que estos seres me regalaron en todos estos años. Casi durante mi vida entera. A los que ya se fueron, los llevo en mi corazón y ansío verlos en la otra vida cuando así lo decida el destino.

Amor Gatuno

Nunca me gustaron los gatos. Cuando estaba cerca a uno, sentía que los vellos se me erizaban. Me ponía tensa. Por eso, cuando mi hija me pidió tener uno, me crispé y traté de dilatar el tema diciéndole que el día que Simba no estuviera más, podríamos tener uno. Pero, para variar, me convenció de adoptar un gato antes de que eso sucediera y luego mi hijo me convenció de adoptar también a su hermano y, así, ¡terminé teniendo dos gatos! No sabía ni cómo cargarlos, ni acariciarlos. Me sentía incómoda en su presencia. Desconfiaba de su mirada. Pero esa sensación me duró cinco minutos porque ellos me demostraron que son animalitos tan tiernos y buenos como los perros. No tan dóciles, eso sí, pero muy cariñosos y, sobre todo, divertidos. Esos dos gatitos ayudaron a mi hija a salir de su depresión y acompañaron a Simba en los últimos meses de su vida haciéndolo muy feliz porque jugaban con él y lo seguían a todas partes como si fuera su mamá. Esos dos detalles son el regalo más lindo que trajeron Kovu y Koda consigo. ¡Dios los bendiga y les dé una larga vida!

Amor Amical

Una sorpresa preparada con el mayor sigilo. Un regalo hecho con amor, sin descuidar ningún detalle. Un silencio compañero. Una mirada cómplice. Compartir secretos y travesuras. Reír como niños de tonterías. Donar tu sangre. Bailar en tu matrimonio. Llorar en tu matrimonio. Celebrar el nacimiento de tus hijos. Acompañarte cuando alguna persona que amas parte. Pensar en ti antes que en mí. Enjugar tus lágrimas. Compartir tus alegrías. Adoptarme en tu familia, adoptarte en la mía. Días de playa, días de invierno. Viajes. Sentir que no ha pasado el tiempo, aunque no nos veamos hace mucho. Celebraciones con alcohol, celebraciones sin alcohol, comida rica, aceptar las diferencias de opinión, escuchar tus preocupaciones, adivinar tus ideas, escribir una tarjeta, querer a tus hijos, que quieras a los míos, sentir que te conozco desde siempre, aunque seamos nuevos en esta ruta, todo eso es amor de amigos. Tengo muchos. Tengo los mejores. Los adoro con todo el corazón.

Amor Propio

And last, but not least, como se dice en inglés, un cálido y vibrante homenaje para el amor más importante de todos. El amor a un@ mism@. Saberse, que no es lo mismo que creerse; ser conscientes de toda nuestra valía y aplaudirnos. Amistarnos con la imagen que nos devuelve el espejo cada mañana. Estar orgullos@s de nuestros logros, sin dejar de prestar atención a nuestras “oportunidades de mejora”. Apreciarnos, tenernos paciencia, cuidarnos, enriquecer nuestro espíritu con arte. Si no nos queremos nosotr@s primero, ¿cómo pretender dar amor de calidad al resto del universo? Si no aceptamos que los años van dejando marcas en la piel y pretendemos ser siempre como cuando teníamos 20, vamos por mal camino. Cada edad tiene su encanto y ganar años también. A medida que agregamos velas a la torta, un@ se vuelve más dueñ@ de su piel y de su destino, y con la confianza necesaria para tomar al toro por las astas.

Que cada 14 de febrero sirva entonces no sólo para celebrar el amor de pareja, sino, sobre todo, para enamorarnos de nuestra esencia, para avistar cuánto amor nos rodea, para agradecer por ello y para no darlo por sentado los otros 364 días del año.

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