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Gracias por Leerme

En este mes, mi blog está de aniversario. Hace un año inauguré esta aventura. Tenía mucho que compartir. Los escombros estaban acumulados. Dolían. Había mucho contenido que drenar para sanar la herida.

No tenía un rumbo muy definido para mis historias. Simplemente empecé a desenredar la pesada madeja que me tenía atada al piso como una cruenta roca y que no me dejaba nadar hacia arriba para emerger y tomar un poco de aire. Agarré el lapicero porque necesitaba una catarsis y porque siempre me gustó escribir, pero nunca como hoy tuve la necesidad imperiosa de hacerlo. Hoy es una terapia. Contar mi historia ha sido liberador.

Para muchos tal vez lo lógico hubiera sido que me quedara llorando por los rincones, callada y ausente, para no incomodar a nadie. Para otros, que disimulara mi pena y siguiera adelante como si tal cosa.

Lo cierto es que mi personalidad dista mucho de lo convencional. Los que me conocen bien saben que soy transparente. Que si algo no me gusta o no me parece, lo digo. Que no creo en esa frase, a mi parecer odiosa, de «políticamente correcto». ¿Por qué entonces iba a ser diferente con los sucesos de mi vida personal? ¿Por qué iba a callar mi voz?

Alguien podría decir que este blog es una venganza. No lo veo así. Las redes hoy nos dan múltiples plataformas para expresarnos. Hace unos años, no muchos, no hubiera tenido la oportunidad de compartir mis vivencias y seguramente sólo se hubieran quedado en escritos de diario íntimo. Leídos tal vez por mis hijos el día que yo dejara esta tierra. Hoy, la tecnología nos permite llegar a la gente con mayor libertad sin necesidad de ser escritores consumados.

Y qué bueno que lo hice. Durante este año me han hecho saber que me leen. Me han hecho halagos por el contenido y la forma, me han preguntado más detalles de muchas cosas narradas, me han dicho que mis palabras les sirven de compañía y de consuelo. Me han confesado que esperan con mucha ilusión la siguiente entrega.

Eso es mucho más de lo que yo esperaba cuando empecé mi historia y me siento dichosa. Me hubiera gustado sentirme así de acompañada cuando llegó el huaico. Me hubiera ayudado mucho a enfrentar el vendaval de emociones que se arremolinaban en cada rincón de mi alma.

Uno de mis primeros escritos se tituló Nada Ni Nadie Me Quitará La Fe Ni La Alegría De Vivir. Ahí contaba que una de las primeras cosas que hice para permanecer a flote fue crear mi mantra.

Pues bien, a raíz de esta situación de ciencia ficción en la que está sumido el universo por el COVID, Alberto De Belaúnde, uno de los pocos buenos congresistas de mi país, publicó un artículo titulado Defender La Alegría. Si pueden búsquenlo en las redes. Es muy corto y profundo. Un periodista comentó su artículo en twitter (donde me nutro de información en lugar de ver los tóxicos noticieros de la tele), diciendo “Suscribo la columna de Alberto. Especialmente en tiempos recios como estos, la alegría y la esperanza son formas de rebeldía ante el desamparo y el enorme dolor. No anulan ni niegan lo anterior, pero (…) nos permiten enfrentar la adversidad”.

Palabra clave: rebeldía. Al leer este comentario, recordé lo que me dijo una gran amiga el día que me conoció “Me encantas porque eres dócil”. Me reí. Nada más lejos de la verdad. Soy rebelde por naturaleza. No me conformo. Soy terca y testaruda. Y quizás gracias a estas características mías he podido evitar que el lodo me arrastre. Porque no le voy a dar el gusto al huaico de derrotarme.

A veces lo que pueden parecer defectos, son los ingredientes que justamente nos elevan, nos escudan y nos hacen vencer la adversidad cuando la vida te hace una de esas jugarretas que por un minuto o dos parecen fatales.

El artículo del congresista empieza con un verso de Benedetti, musicalizado por Serrat. Si pueden búsquenlo en Spotify. La voz maravillosa de Serrat y la magnífica letra del verso es el mejor mantra que nos podrían haber regalado dos grandes del arte. Porque no hay guerra que se gane sin batir un estandarte, hacer un juramento diario y cantar un himno antes de salir triunfante y frente en alto a darle la batalla a la vida.

 

 

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