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Un Día A La Vez

Mi 2020 comenzó de una manera maravillosa. En un viaje inesperado de ensueño con mis hijos, de los cuales no me despegué durante los 8 días que duró el periplo.

A poco del viaje, empezó la cuarentena y los 8 días de estar con mis hijos 24/7 se convirtieron en 8 largos y enriquecedores meses de convivencia que, me disculparán, disfruté muchísimo.

De manera que, si bien es cierto coincido con todos en que el 2020 ha sido una porquería por el COVID, mentiría si no reconociera que sus primeros días para mí fueron maravillosos y que la cuarentena me trajo experiencias tan agradables que me ayudaron a sobrellevar los nuevos retos que la vida tenía preparados para mí.

Los que me leen desde el inicio de las publicaciones, recordarán que la receta magistral para recorrer el tumultuoso camino que me tocó caminar estuvo constituida por el mantra de «nada ni nadie me quitará la fe ni la alegría de vivir» y por la vieja táctica muy conocida por todos los que han sobrevivido a los retos de la vida de «un día a la vez».

De no haber echado mano a estas maniobras, probablemente me encontraría hundida en el fango que me aventaron con ventilador hace casi 4 años ya.

Cada vez que tenía la tentación de descender por el bajo mundo de la desesperación, el llanto descontrolado y la angustia máxima, me repetía «un día a la vez», «un día a la vez» y podía pasar la página de ese día y amanecer en un día nuevo, listo para ser vivido un poquito mejor que el día anterior.

Pues eso mismo utilicé durante el 2020 para enfrentar enfermedad, encrucijada, muerte, aislamiento, preocupación, indignación por la crisis política…

Y eso mismo nos toca hacer con este nuevecito 2021. Un día a la vez. ¿Cuándo llegará la vacuna? ¿Tendremos que usar mascarilla todo el año? ¿Podremos volver a vivir con normalidad sin pensar que somos unos apestados que podemos andar contagiando y contagiándonos cada que nos riamos a garganta suelta? ¿Regresaremos a nuestras oficinas? ¿Mantendremos nuestro trabajo? ¿Encontraremos un nuevo trabajo? ¿Podremos pagar las cuentas? ¿Nos mantendremos sanos? ¿Morirá alguien más?

Todas ellas son preguntas válidas que todos nos hacemos. Pero no podemos dejar nuestra mente desatada y sin rienda. Hoy, ninguna de esas preguntas tiene una respuesta definitiva porque ninguno de nosotros cuenta con una bola de cristal. ¿Resolvemos algo alimentando la angustia con este interminable cuestionario? No.

¿Qué nos toca ahora? Resolver los problemas de hoy. Cuidarnos hoy. Planificar hoy. Disfrutar hoy. Y abrir cada página del nuevo día con el mayor optimismo y resiliencia posibles para poder encarar el futuro con una armadura bien cimentada, a prueba de dificultades.

No se desanimen. No es fácil para nadie. Aquí iré compartiendo mis historias para que no se sientan sol@s

Imagen tomada de Pinterest

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