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Tomándome una soda

1987, tuve la suerte de que mis hermosos 17 años estuvieran acompañados por la mejor música de todos los tiempos. Grandes artistas, grandes músicos, grandes canciones. Sin duda alguna, mi grupo favorito era Soda Stereo. Por supuesto estaba enamorada de Gustavo Cerati, tan bonito y con esa voz tan potente y seductora que transmitía una vibra especial. Soda para mí representó el despertar a la vida. Recuerdo la intensidad de sus conciertos, la multitud cantando y bailando sus canciones en el Amauta. Me sentí adulta por primera vez en la vida, aunque aún me faltaba un largo camino por recorrer para llegar a ella, y fue en uno de sus conciertos donde tomé la primera gran decisión de mi vida inspirada por esas guitarras que gritaban «el mundo es tuyo».

2007, Estadio Universitario de Monterrey, volver a ver a Soda en su gira de reencuentro fue un sueño hecho realidad. Habían pasado 20 años desde el Amauta y ahora sí era adulta. Sin embargo, disfruté el concierto como si tuviera 17 otra vez, y entonces la canción de Violeta Parra se hizo realidad en la butaca que yo ocupaba. Canté cada una de las canciones, reí y lloré de emoción. Me despedí junto con miles de personas del talentoso Gustavo pues sería una de sus últimas giras. Fui afortunada de volver a ver a este mítico grupo trabajando juntos de nuevo, ya que Gustavo se había negado a este reencuentro durante muchos años.

2014, chau Gustavo, gracias totales por acompañarme durante casi 30 años de mi vida.

2017, con mucha anticipación compré boletos para el homenaje a Soda del Cirque du Soleil. Escondí los boletos en un libro de la biblioteca para que nadie los encontrara y fuera una sorpresa. En el interín, llegó el huaico a mi hogar y entonces me sobró una entrada porque su dueño original no existía más en nuestra vida. A pesar de la enorme tristeza y abatimiento que sentía, fui al show, también lloré mientras veía el espectáculo, por razones muy diferentes a las lágrimas que derramé 10 años atrás, y allí tomé otra gran decisión.

2021, terminé de leer un libro con entrevistas que le hicieron a Gustavo a lo largo de varios años y a través de diversas etapas de su carrera. En ese libro pude conocer más a fondo al que fue y será mi eterno ídolo. A medida que iba avanzando en la lectura, descubrí canciones que grabó como solista que yo nunca había escuchado y, ¡gracias tecnología!, las escuché una a una en Spotify. Algunas me encantaron y las agregué a mis playlists y otras no me dijeron mucho y las dejé pasar luego de saludarlas con respeto. Acompañada de sus relatos y análisis, reviví el camino andado desde 1987 a la actualidad.

Mi historia, pues, ha estado siempre acompañada por una soda, una muy especial que con cada canción me transporta a momentos no sólo alegres de mi vida, sino trascendentales. La música de este increíble trío siempre estará muy cerca de mi corazón.

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