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¿Cuántas vidas puedo vivir?

Veía una serie interesante de acción y de pronto la pregunta “¿Cuántas vidas se puede vivir?”. La frase me mantuvo inquieta porque caló en mí. Nada es para siempre, eso lo sabemos todos, pero a veces nos quedamos estancados en momentos del pasado o paralizados ante la incertidumbre de lo que está por venir.

Preferimos quedarnos tibiecitos en los recuerdos o mantener el statu quo tan cómodo y placentero antes que aventurarnos en nuevas relaciones o aventuras que podrían devenir rápidamente en desventuras… o quizás no.

Tenemos mucho tiempo para vivir muchas vidas. Al menos yo, si miro atrás, veo muchas vidas. Etapas que ya concluyeron. Algunas hermosas, otras tristes, otras duras. Cada una de esas vidas me moldeó y me educó. Definitivamente hoy soy quien soy gracias a ese repertorio variado de vidas.

Pero hay una línea transversal que recorre cada una de ellas, que ha estado presente en cada etapa, cada aventura, cada yerro, cada acierto: el arte. De mis papás heredé una sensibilidad muy profunda que hace que todo lo que se relacione con el arte me penetre la piel y el alma. Puedo entrar a un museo y pasar horas contemplando la belleza de pinturas y esculturas, y sentir que el tiempo se detiene. Me fascina la música de todo tipo. Desde los barrocos hasta Stairway to Heaven. También disfruto enormemente cuando veo películas o leo. En esos momentos me transporto, vivo la vida de los personajes y me dejo conmover mucho más de lo que puedo describir. Ni qué decir del teatro o del ballet. ¡Siento que vibro con ellos!

Presto atención a las frases, a los acordes, a los colores y aprendo. Tomo nota de frases, nutro mi playlist de Spotify, abro mi mente y me siento mejor persona cuando utilizo los diálogos de mi libro o de mi película para cuestionar mi propia vida, mi juicio, mi manera de interactuar con mis hijos o con las personas que me rodean.

Gracias al arte valoro y atesoro mi existencia con mayor gratitud y sabiduría. Gracias al arte tengo una vida interior muy rica.

En este momento, por ejemplo, suena La Donna È Mobile y eso me transporta inmediatamente a la vida que viví con mi nonno; lo recuerdo parado frente a su radiola, con las manos dentro de la cintura de su pantalón, con los ojos llenos de lágrimas por la emoción. Yo era muy chica, pero recuerdo esa vida como si fuera ayer. Sin preocupaciones, jugando sola, con mi micrófono frente al espejo y mi panty en la cabeza para tener pelo largo.

Cuando las sonatas de Haydn o Liszt me sorprenden, vuelvo inmediatamente a mi vida con mi mami, sentada frente al piano, concentrada e inmensamente feliz, recorriendo majestuosamente con sus dedos las teclas, su rostro lleno de fascinación y yo pidiéndole que toque una pieza más.

Cuando veo alguna película de Saura o Bergman vuelvo al Cinematógrafo con mi papá, quien me estrenó a muy temprana edad en el sétimo arte.

Cuando escucho Gente di Mare, vuelvo al Costa Allegra, mi vida en alta mar. Libre e independiente por primera vez en mi vida.

¿Cuántas vidas se puede vivir? No tengo la más peregrina idea. Lo que sí sé es que cada una de ellas debe ser vivida a plenitud sin desperdiciar ni un minuto porque cada vida trae consigo ingredientes únicos, silvestres, dulces, salados y agrios, sin los cuales el manjar de la vida perdería su esplendor. Creo que hasta ahora lo voy logrando ¿y tú?

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